La calle une los dos cabos del cielo, la casa y el mundo. Y del infierno, pero entonces no suena la música, esa cosa de ángeles tan serios que parecen niños. La calle mezcla tu canción y la mía, tus manos y mis manos. Reino del sol y de la luna, quiebra la soledad e inventa lo vivido: tu calle es de repente toda mi patria si me miras así.
 

 

                 Del fuego del hogar al agua oscura, pisando tierra, besando el aire: los 4 elementos (del quinto, sin nombre, nació la música de las esferas). El flamenco; equilibrado y tenso. Con un pie en la armonía y otro en lo más hondo. Desde la noche viene la voz humana, con su llanto acordado y del alma secreta, la niebla, la luz, la luna del sur y la sangre, para que no esté sola la canción del alba. Y para sostener la eternidad, el ritmo, como un dios travieso con alas en los pies. Recuerda cuánta verdad se abriga en el rodar del tiempo y nos trae zafiros del anillo de Cronos.
 

 

               El universo: para vivirlo, para vivir. Sabes que todo valió la pena cuando la noche se hace guitarra. De la calle vino un niño que aún te mira, serio como un ángel, mientras se abre de manos… El niño quiso jugar con otros niños: y luego se hizo música con ellos y habita entre nosotros.

 

 

Basado en un texto de Tino Barriuso.

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